México: Innovar o Morir

March 13, 2011

México: Innovar o Morir

La importancia inaplazable en México de una Bolsa Intermedia de Valores para empresas de Innovación

Durante años he estado promoviendo la necesidad de políticas públicas e iniciativas privadas para impulsar a México hacia una economía del conocimiento. Sin embargo, la falta de voluntad política, la escasez de proyectos viables, la complejidad del retraso de nuestro país y la poca comprensión de los beneficios sociales, han impedido que esta discusión avance. En lo personal, me parece crítico e inaplazable tomar acciones que nos acerquen a convertirnos en un país cuya economía se base en la innovación y que nos permita emparejarnos con los países considerados como desarrollados.

Hay muchas visiones de cómo lograr este objetivo. En este documento propongo una acción puntual, la creación de una bolsa intermedia de valores para empresas de innovación, como el mejor y más viable mecanismo para incentivar la economía del conocimiento en México y con ello desatorar una muy necesaria evolución de nuestro país.

Economía basada en Innovación

El World Economic Forum (WEF) genera anualmente un estudio comparativo de la gran mayoría de las economías del mundo. De acuerdo a este estudio, los países más desarrollados son aquellos que han transitado a una economía basada en la innovación. Según el propio WEF, hay tres niveles progresivos de desarrollo:[1]

  • En el nivel más retrasado están aquellas economías orientadas al factor: los países compiten con base en su dotación de factores, principalmente mano de obra y recursos naturales. Sus economías se centran en materias primas y productos de manufactura básica.
  • El siguiente nivel de desarrollo es el orientado a la eficiencia. Aquí, la productividad se incrementa no sólo al elevar la eficiencia de los mercados de factores, sino mejorando la eficiencia de los procesos de producción y las prácticas empresariales. Los elementos clave incluyen: mejor educación, un mercado laboral flexible, mercados financieros sofisticados y la habilidad de insertar las nuevas tecnologías en el sistema de producción, entre otros. En este nivel se encuentra la economía mexicana, de acuerdo al WEF.[2]
  • En el nivel más avanzado de desarrollo, llamado de innovación, los países no pueden seguir creciendo si confían simplemente en mercados y procesos productivos eficientes; deben empezar a competir diseñando y desarrollando bienes y servicios innovadores con un valor agregado único. En este punto, los factores competitivos diferenciadores se tornan la capacidad de innovar, de generar tecnología endógena y de usar procesos de producción sofisticados.

La innovación es ampliamente vista como un generador estratégico de competitividad en el largo plazo. Es el único “bien” que no padece de tasas de retorno decrecientes. Esto es especialmente cierto para los países que están en la frontera tecnológica. Para ellos, la capacidad de generar productos, servicios o procesos novedosos e innovadores es esencial para el crecimiento sostenido.

México puede aún beneficiarse de la adopción de fuentes externas de tecnología. Sin embargo, si se mira a futuro, debería tomar conciencia de su propio potencial innovador. Cualquier estrategia de desarrollo nacional debería incluir la meta de establecer un medio ambiente o, mejor dicho, un ecosistema que sea amigable y fomente la innovación.[3]

Una economía basada en la innovación es diferente a un país como México cuya economía está orientada a la eficiencia. A esta economía basada en la innovación se le conoce también como economía del conocimiento:

  • Es el resultado de integrar y comercializar mejoras de diseño, funcionalidad, inventos y descubrimientos en servicios, productos y procesos.
  • Se nutre de profesionistas creativos, de emprendedores y de una cultura que reconoce el beneficio grupal que genera la toma de riesgos individuales.
  • Genera empleos bien remunerados, movilidad social y derrama económica.

Para que pueda desarrollarse este tipo de actividad en México, se requiere de un ecosistema que permita fondear y premiar esta innovación. Convertirnos en una economía desarrollada basada en innovación es el nivel al que aspiramos como mexicanos. Es equivalente a convertirnos en un país desarrollado.

Para que la innovación se consolide como una ventaja competitiva del país, no basta que se diseñe y desarrolle en México. Tiene que ser comercializada por empresas mexicanas[4]. Esto es un punto importante al pensar en la investigación y desarrollo. Es necesario que las empresas innovadoras tengan el capital y recursos necesarios para comercializar de forma competitiva sus productos y servicios en el mundo.

Uno pensaría que con el gran beneficio que tendría para el país una economía basada en la innovación la clase política estaría buscando formas de impulsar a nuestro país en esta dirección. Sin embargo, el obstáculo principal que ha impedido que la innovación llegue a la política pública de nuestro país, radica en el poco valor que tienen para los gobernantes las acciones encaminadas hacia este fin. Los ciclos de tres años en el congreso y de seis en la presidencia, ambos sin reelección, reducen el atractivo de cualquier acción cualitativa que no tenga un resultado tangible en este corto lapso. Las transiciones hacia economías de innovación o del conocimiento llevan en general varias décadas. Adicionalmente, las políticas públicas encaminadas a la innovación no son populistas y se perciben en general como un apoyo a empresas y empresarios. Por ende, la falta de valor percibido para la clase política ha impedido que avancemos hacia esta meta utilizando la política pública como herramienta.

Un clima político poco propicio sólo puede ser sustituido por acciones acotadas que sean realizables por grupos e intereses privados. Encontrar acciones estratégicas que puedan catalizar cambios a nivel macroeconómico es complejo e incierto. Avanzar al país en este vector requiere que consideremos los elementos faltantes en el ecosistema de innovación.

¿Qué condiciones requiere un ecosistema de innovación?

Habiendo fundado o participado en la creación de más de diez empresas de tecnología e innovación en México y otros países, considero que hay tres elementos esenciales para el desarrollo de este tipo de emprendimientos. Esos tres elementos son parte del ecosistema local: profesionistas creativos, emprendedores motivados y acceso a capital de riesgo o financiamiento.

1.       Profesionistas Creativos

a)      México maquilador e industrial – mano de obra barata

En las últimas décadas México se ha enfocado principalmente a la producción industrial y a la maquila. El problema que esto plantea consiste en que un componente importante de este tipo de actividad es la mano de obra barata, por lo cual hay muchos profesionistas que no encuentran una remuneración adecuada. Esto deriva en que seamos el tercer mayor exportador de profesionales del mundo. A la fecha, más de un millón de profesionistas, que estudiaron en México, viven en el extranjero. Profesionales entusiastas que se han marchado en busca de mejores horizontes, mejores ingresos y entornos adecuados donde puedan desarrollar sus ideas. Esta terrible situación no puede sino provocarnos un sentido de urgencia al no poder retener el talento: el mayor activo y el ingrediente principal de la innovación.

b)      Profesionistas mexicanos – el talento requerido.

La creatividad y adaptabilidad de los profesionistas mexicanos es conocida y reconocida internacionalmente. Desde hace muchos años se nos considera mano de obra sofisticada. Pero la falta de competencia interna en las principales industrias y la falta de estímulos gubernamentales efectivos han desincentivado la innovación en las empresas mexicanas. Esto ha provocado a que no se valore competitivamente a los profesionistas e investigadores en nuestro país al no apreciarse el valor intangible que podrían aportar a nuestras empresas y economía.

2.       Emprendedores motivados

a)      Innovación en países desarrollados – la pequeña y mediana empresa.

La innovación en países desarrollados se lleva a cabo predominantemente por emprendedores en la pequeña y mediana empresa. El 60% del PIB alemán proviene de empresas de menos de diez personas y la mayoría de ellas exporta internacionalmente.[5] ¿Por qué en México no hemos logrado algo semejante? ¿Por qué, según el WEF, de 139 países, México ocupa el lugar 78 en innovación (considerando el gasto de las empresas en investigación y desarrollo)?[6]

a)      No hay incentivos para las grandes empresas – falta competencia.

Esta falta de innovación en grandes empresas es en parte por la falta de un modelo organizativo y de planificación adecuados, y en parte también por la falta de incentivos. En particular, de acuerdo al estudio de McKinsey titulado “The Power of Productivity”[7], el desarrollo económico de un país y la necesidad de innovación en las empresas son ambas producto de la competencia en los productos y servicios. Esto contraviene la creencia de que son los mercados de capital y laborales los que influyen en el crecimiento económico y en la innovación.

La falta de competencia en la mayoría de las industrias del mercado mexicano así como la sobreconcentración y dominancia de industrias estratégicas, como son las industrias financiera, energética y de telecomunicaciones, impiden que la innovación sea un mecanismo deseable o necesario para competir. Al tener una posición dominante con barreras de entrada muchas veces infranqueables, la mayoría de las empresas exitosas mexicanas no requieren de la innovación como elemento diferenciador.

Todo esto no sólo limita a que la innovación nazca y se mantenga sana en las grandes empresas mexicanas, sino adicionalmente carecen de incentivos para integrar y adquirir tecnologías o empresas innovadoras. Esta falta de incentivo limita el mercado de los emprendedores y las opciones de salida de los inversionistas por lo que aumenta el riesgo y reduce el beneficio de innovar en México.

b)      Empresas medianas y pequeñas como motor de innovación

Por otro lado, esperaríamos que, como en muchas otras partes del mundo, fueran las empresas pequeñas y medianas las que se constituyeran en el motor de la innovación disruptiva. Sin embargo, las PyMEs en México no tienen una ruta de crecimiento saludable. Para innovar se requiere inversión; no para pensar la idea, sino para ejecutarla. Pero este tipo de empresas en México carecen de opciones de acceso a capital y por ende tienen una desventaja grande frente a empresas equivalentes en países desarrollados.

3.       Acceso a capital de riesgo o financiamiento

c)       La innovación es incierta – contrario a la naturaleza de las grandes empresas.

El proceso de innovar, por naturaleza, es impredecible, su resultado es incierto y requiere de una forma de organización diferente a la de las empresas establecidas. Las empresas exitosas se organizan en torno a planes de trabajo predecibles y utilizan la información histórica para poder calcular con certeza aceptable el retorno de inversión. Desafortunadamente, esto sólo permitiría que las grandes empresas innoven de forma incremental al desarrollar nuevos productos y hacer mejoras a procesos continuos.[8] Cualquier innovación disruptiva no encuentra un terreno fértil en los corporativos mexicanos. Es en las innovaciones disruptivas que el mayor valor es generado. No hay la cultura, ni los mecanismos, ni los incentivos adecuados para que los grandes corporativos mexicanos innoven de esta forma.

b)      No hay financiamiento adecuado – se desincentiva el emprendimiento innovador.

El emprendedor no tiene acceso al financiamiento apropiado ni al capital de riesgo adecuado. Requiere de garantías inmobiliarias para obtenerlo. Estas garantías impiden la movilidad social al permitir innovar sólo al que ya tiene un patrimonio sustancial anterior. La situación de obtención de financiamiento para el emprendedor empeora porque sus activos principales son intangibles y estos no son reconocidos ni cuantificables en México.

El capital para innovar viene generalmente de una o más de las siguientes fuentes:

  1. Pasivos – Financiamiento bancario o bursátil
  2. Utilidades – La reinversión del resultado de ejercicios anteriores
  3. Capital de Riesgo – De inversionistas externos o de los emprendedores

Estos tres mecanismos de acceso a capital están fundamentalmente rotos en México. Si revisamos estos rubros encontraremos que las condiciones a las que está sometido el emprendedor mexicano incrementan el riesgo muy por encima del retorno esperado. Esto genera un entorno adverso que desincentiva al “emprendedor natural”: jóvenes talentosos con ideas innovadoras.

Innovación = Idea + Ejecución

La innovación no consiste en tener la mejor idea; hay que partir de la base de que surgen ideas similares o iguales de forma simultánea en otras partes del mundo. La innovación rentable y exitosa es en definitiva aquella que es mejor ejecutada.

Al emprender e innovar, la empresa que gana y recoge la gran mayoría de los beneficios es aquella que ejecuta mejor y más rápido. La ejecución consiste en el proceso de convertir una idea de innovación en un impacto en el mercado. Desde el diseño y producción, hasta la comercialización e implantación. Para lograr una ejecución rápida y efectiva se requiere de experiencia y capital.

La experiencia ­−junto con los mejores métodos, procesos y producción− puede ser en general contratada o subcontratada por la empresa mexicana a proveedores en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, para que el retorno de la inversión pague impuestos en México y genere crecimiento y desarrollo local, las empresas que comercialicen la innovación deben ser fundadas en nuestro país. Estas empresas deben estar subordinadas a las leyes, las instituciones, las normas y hasta la confianza internacional en nuestro país. Por lo anterior, el capital de riesgo extranjero rara vez es invertido en empresas mexicanas. Además de la desconfianza en las leyes e instituciones locales, hay un problema aún más profundo, las estrategias de salida.

Capital de Riesgo y Estrategias de Salida

El ecosistema financiero en países desarrollados busca canalizar recursos económicos a las empresas y personas innovadoras con las mejores probabilidades de éxito. Los mecanismos tradicionales para lograr esto son los “venture capitalists”, es decir, los inversionistas de capital de riesgo.

El capital de riesgo requiere “estrategias de salida”, formas de desinvertir y monetizar el valor incremental que se haya generado en la empresa durante el tiempo que dura la inversión. Los inversionistas de riesgo generalmente necesitan salirse en un lapso de 5 a 7 años. Esto lo logran principalmente de dos formas: vendiendo la empresa a un corporativo o saliendo al mercado de valores. En México la venta de las empresas captura muy poco valor al haber poca competencia por comprar las empresas y por la falta de necesidad de innovar como un mecanismo de competencia de los grandes corporativos. Por otro lado, los carga regulatoria y el tamaño que tiene que tener la empresa para salir en la bolsa local lo vuelve un mecanismo de salida irrealista para empresas de 5 a 7 años de edad.

El capital de riesgo en México tiene muy pocas opciones para recuperar su inversión esto origina que la mayoría de la innovación la fondee el emprendedor. Esto limita enormemente el potencial de nuestro talento al no tener una capacidad de ejecución equivalente al de sus competidores internacionales.

Los Emprendedores financiando la Innovación

El resultado de cómo funcionan el mercado y el ecosistema de innovación en México, es que hay muy pocas opciones para financiar el diseño y desarrollo de productos y servicios innovadores.

Para el emprendedor, el efecto de que tenga que aportar el capital de riesgo y el colateral para préstamos genera un efecto adverso: en todos los casos, si el emprendimiento falla es el emprendedor quien pierde todo, no el banco y no el inversionista. No tiene forma de compartir el riesgo.

En casi todas las opciones de arranque, los emprendedores requieren presentar como garantía un bien inmueble de tres veces el valor del crédito; lo mismo sucede para poder obtener una fianza para rentar un oficinas o recibir un anticipo de un cliente mayor. Los emprendedores que no cuentan con un bien inmueble totalmente pagado y sin gravamen hipotecario están muy limitados en su capacidad de ejecución. El emprendedor promedio “en el mundo” es joven y aún no tiene bienes inmuebles propios.

a)      La falta de un bien inmueble impide rentar locales comerciales y promueve la economía informal, que resulta ser lo único accesible para el emprendedor promedio en México.

b)      Si la innovación es un producto o servicio que le vende a empresas más grandes, resulta que la cultura de pago en México, que consiste en “jinetear” el dinero, le hace muchísimo daño al flujo de caja del emprendedor. Tanto el gobierno como las grandes empresas tienen burocracias y políticas que retrasan sistemáticamente todos los pagos, ya sea por procesos de contratación o por calendarización, en lapsos que van desde 30 hasta 180 días. Las pequeñas empresas ­–sin acceso a financiamiento− se ven obligadas a financiar a sus clientes más de 60 días en promedio, y esto sin considerar los tiempos previos de venta, producción y operación. ¿Cuántos emprendedores pueden resistir esto por mucho tiempo? ¿Cuánto pueden crecer y a qué velocidad, con sus propios recursos?

c)       Finalmente, si los emprendedores quieren tener acceso a capital se enfrentan al hecho de que en México no se financian ideas o equipos de personas, principalmente porque los inversionistas de riesgo no advierten mecanismos para recuperar su inversión. Aun si nuestras empresas son exitosas, no hay en México un mercado sano de compra-venta de empresas innovadoras o de acciones de las mismas.

Una consecuencia ulterior de lo que se ha mencionado es el impacto de esta problemática sobre la movilidad social. La innovación, que propicia per se la movilidad social, sencillamente no funciona si los emprendedores necesitan bienes inmuebles y capital propio antes de innovar o emprender.

No obstante, el inversionista capitalista quiere encontrar vehículos para poner a trabajar su dinero. El riesgo de ejecución o de éxito de la innovación es tomado en cuenta en la valuación inicial del negocio en el que desean invertir. Sorprendentemente, no dejan de invertir en innovación mexicana porque no haya posibilidades de éxito o porque sea muy riesgoso. Dejan de invertir en empresas mexicanas debido al bajo retorno al momento de vender su posición. No hay mecanismos de salida que generen liquidez en el mercado.

El resultado final es que la forma más viable de innovación en México se logra a través de reinvertir las utilidades del emprendedor. Esta mecánica tiene como grave desventaja que la rentabilidad de las pequeñas y medianas empresas tiende a ser insuficiente para ejecutar todo el ciclo de diseño, desarrollo y comercialización de la innovación de forma suficientemente rápida y competitiva como para ganar y sostener mercados locales o internacionales.

La competencia en innovación es global. El que comercializa primero la idea se queda en general con el mayor beneficio. Si consideramos la misma idea siendo ejecutada en paralelo en México y en otro país desarrollado, la capacidad de ejecución de la empresa extranjera, mejor fondeada, será mucho mayor que la mexicana que tiene que usar sus propios flujos para innovar y comercializar. Esto la deja en desventaja y a la larga en general sucumbe frente a la competencia foránea.

Estrategias de Salida

Las compras de empresas de innovación en México se valúan en promedio entre 3 y 6 veces EBITDA[9]. En países desarrollados, en cambio, ese número oscila entre 8 y 15 veces EBITDA. Es una diferencia abismal. La escasez de compradores, al tener México jugadores dominantes en casi todas las industrias estratégicas, impide que se dé la competencia por la empresa innovadora, empujando los precios hacia abajo. Esto, aunado a la reducción de precios a proveedores, que, dicho sea de paso, constituye el deporte nacional de las áreas de compras de los clientes naturales de las empresas de innovación, redunda en una considerable merma de las utilidades y por ende, del EBITDA de las mismas. Múltiplos bajos y rentabilidad baja en el mercado local afectan de forma fundamental el retorno de cualquier inversión.

La falta de capital es el gran obstáculo para que “productifiquen” sus ofertas y puedan competir a nivel internacional. Lastimosamente, hacen y terminan haciendo productos y servicios a la medida para cada cliente, y quedan vulnerables ante los productos empaquetados que han sido desarrollados en el extranjero.

Algunos cálculos que se incluyen en el Reporte de Crecimiento de la Comisión para el Crecimiento y Desarrollo del WEF indican que si México lograra elevar la tasa de crecimiento promedio de los últimos 10 años, que es del 2.4% anual, a una tasa del doble 4.7%, lograría alcanzar a los países desarrollados en el 2050.[10] Hacer un énfasis especial en la implementación de empresas innovadoras con financiamiento oportuno y adecuado podría acelerar el desarrollo del país y disminuir significativamente esta brecha.

El tener un abanico más amplio de estrategias de salida beneficiaría a toda la cadena de valor al permitir que los inversionistas de capital de riesgo pudieran invertir con mayor certeza, reduciendo con ello la carga para el emprendedor y dejando la estructura corporativa más sólida para recibir préstamos. Esto fomenta la inversión en innovación, con el efecto agregado de que los inversionistas recuperan su inversión y los emprendedores retienen un parte mayor del valor generado. Esto permite a la larga un ciclo virtuoso de reinversión.

Bolsa Intermedia para Empresas de Innovación

La solución puntual más efectiva es hacer algo que pueda ser llevado a cabo con intereses privados y que requiera de forma mínima de la intervención del gobierno. La resolución de problemas como la seguridad jurídica, la impartición de justicia, los requerimientos de colaterales inmobiliarios o incluso, cambiar las leyes y reglamentos, implica esperar muchos años, una buena dosis de voluntad política y condiciones especiales fuera de nuestro control. No podemos apostar a que esto sucederá en nuestro país, mucho menos en el corto plazo.

Por ello, necesitamos crear una bolsa de valores intermedia especializada en pequeñas y medianas empresas de innovación, con un esquema de baja regulación. Esto permitiría complementar el ecosistema actual y tendría numerosos beneficios para el país. Las siete ventajas principales para México serían:

1)      Permitir la valoración y la valuación de mercado de los activos intangibles contenidos en toda innovación. Un mercado de valores público es el medio que mejor se aproxima al valor real y potencial de la innovación.

2)      Canalizar recursos baratos a los innovadores más exitosos. Esta medida permitiría acceso no sólo a capital, sino a raíz de esa capitalización, también se abriría el acceso a créditos bancarios de bajo costo.

3)      Aumentar la distribución de la riqueza a los emprendedores. Esto evitaría que el valor de la innovación se concentrara en los grandes oligopolios existentes. Y al final del ciclo generaría nuevos inversionistas de capital de riesgo.

4)      Proveer un mecanismo de salida para los inversionistas de capital de riesgo, reduciendo el riesgo inherente de sus inversiones y logrando con ello un incremento en su apetito de inversión en este tipo de emprendimientos.

5)      Mejorar la postura competitiva de las empresas de innovación frente a los grandes corporativos y las empresas extranjeras. Esto permitiría que una mayor parte de la innovación sea comercializada por empresas mexicanas y se retenga con ello los beneficios de crecimiento, impuestos y trabajos bien remunerados para nuestro país.

6)      Reducir los requerimientos de control para hacer la oferta pública. Se buscaría eliminar el costo exorbitante de cumplimiento para una pequeña empresa que implica la regulación actual. Esto se podría lograr utilizando un sistema jerárquico de corresponsabilidad dónde la casa de bolsa o banquero de inversión que hace la oferta pública, tenga la responsabilidad de gobernanza y supervisión sobre el uso adecuado de los recursos.

7)      Fomentar la atracción de talento a través de mecanismos de opciones futuras de acciones para empleados de estas empresas. Los mecanismos de opciones han sido el principal instrumento para atraer talento en las empresas extranjeras, ya que permite compartir el valor incremental futuro de la empresa con los empleados clave.

Hay una codependencia muy grande entre los elementos que impulsan y promueven una economía del conocimiento orientada a la innovación. Los profesionistas talentosos, los emprendedores motivados y el capital de riesgo deben estar disponibles y alineados. Es importante incidir en los tres aspectos de forma simultánea para generar una coevolución y un ciclo virtuoso. Considero que una bolsa intermedia para empresas de innovación cumple este propósito de forma efectiva y eficiente.

El mundo ha cambiado. La naturaleza competitiva de un país está íntimamente ligada a su capacidad de generar y comercializar innovación. En esta era del conocimiento tenemos poco tiempo para salvar a México del naufragio. Año con año bajamos en los comparativos de competitividad internacional. Hay una ventana de oportunidad que se ha estado cerrando. En general hay pocas cosas que se pueden hacer desde la iniciativa privada y sin voluntad política.

Sin embargo, este esfuerzo puntual, si logra estar bien encaminado y permanecer enfocado puede tener una incidencia de fondo en nuestro país. Estoy convencido de que esta acción estratégica puede tener un efecto enorme sobre el crecimiento y competitividad de México.

Hagámoslo por el país desarrollado en el que queremos vivir.

Hagámoslo por aprovechar el enorme talento que tenemos los mexicanos.

Hagámoslo por las oportunidades que nos abre como profesionales, emprendedores e inversionistas.

Hagámoslo por nuestros hijos que esperan lo mejor de nosotros.

Es la mejor herencia que podemos dejar.

No merecen ni merecemos menos.

Víctor M. Chapela

Víctor Chapela tiene 25 años de experiencia en emprendimientos tecnológicos. Es actualmente Presidente del Consejo y Director General de Sm4rt Security Services, empresa especializada en Seguridad Informática, Gestión de Riesgos y Prevención de Fraudes.

Como emprendedor serial, ha fundado diez empresas en México y Estados Unidos incluyendo DigiLab, Celebrando.com, TrueCentric y Sm4rt. Como Presidente y Director General de seis de estas empresas ha estado primordialmente involucrado en diseñar la tecnología y modelos de negocio, así como, en levantar capital, ejecutar el plan y rentabilizar las operaciones.

Víctor Chapela es un líder de opinión en tecnología y emprendimiento. Es orador recurrente en eventos internacionales y frecuentemente es entrevistado y citado por los principales medios de comunicación.


[1] Mia, Irene y Lozoya Austin, Emilio. Assessing the Foundations of Mexico’s Competitiveness: Findings from the Global Competitiveness Index 2007-2008 White Paper © 2008, World Economic Forum, pág. 6.

[2] Schwab, Klaus, et al. The Global Competitiveness Report 2010-2011 © 2010 World Economic Forum, pág. 238.

[3] Íbidem, pág. 238.

[4] Bhidé, Amar. Where innovation creates value. McKinsey Quarterly, Feb 2009 http://www.mckinseyquarterly.com/Where_innovation_creates_value_2304

[5] Senra, Rocío et al. Alemania, el primer país de la UE, Periódico digital Empresa Exterior. http://www.empresaexterior.com/2010041228746/politica-economica/alemania-primer-pais-de-la-ue.html. Consultado el 24 de septiembre del 2010.

[6] Schwab, Klaus, et al. The Global Competitiveness Report 2010-2011 © 2010 World Economic Forum, pág. 238.

[7] Lewis, William W. The Power of Productivity: wealth, poverty, and the threat to global stability. © 2004 McKinsey & Co. Inc, University of Chicago Press.

[8] Govindarajan, Vijay et al. “The other side of innovation – Solving the execution challenge”. Harvard Business Review Press. Boston, 2010.

[9] EBITDA es un indicador financiero representado mediante un acrónimo que significa en inglés “Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization”.

[10] Commission on Growth and Development, WEF. The Growth Report. Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development. © 2008 The International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, pág. 129.